El secuestro de una periodista en Bagdad enciende las alarmas sobre la seguridad de la prensa en Irak

El secuestro de la periodista Shelly Kittleson en el centro de Bagdad ha generado serias preocupaciones sobre el deterioro de la seguridad de los periodistas en Irak y los riesgos más amplios que enfrentan los reporteros en Oriente Medio. El incidente pone de relieve un preocupante resurgimiento de amenazas que podría volver a crear un clima de miedo para la prensa.

Imágenes de cámaras de seguridad captaron el momento en que un vehículo se detuvo cerca de Kittleson mientras se encontraba en la calle Saadoun. Dos individuos la forzaron a subir al coche antes de huir del lugar. Posteriormente, las autoridades iraquíes informaron que las fuerzas de seguridad persiguieron uno de los vehículos, que terminó estrellándose durante la persecución, lo que permitió la detención de un sospechoso.

Según funcionarios, la persona detenida tendría vínculos con Kataib Hizbulá, una milicia alineada con Irán. Fuentes cercanas al caso, que hablaron bajo condición de anonimato por motivos de seguridad, indicaron que el sospechoso podría estar afiliado a la Brigada 45 de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF), una red de grupos paramilitares formalmente integrada en el Estado iraquí, pero estrechamente vinculada a Irán.

Kataib Hizbulá es considerada una de las facciones más poderosas dentro de las PMF y forma parte de la coalición Resistencia Islámica en Irak, que ha estado implicada en recientes ataques contra objetivos estadounidenses, incluida la embajada de Estados Unidos en Bagdad. El grupo también ha sido objetivo de ataques aéreos estadounidenses en medio de las tensiones regionales en curso.

Kittleson, periodista freelance con base en Italia, cuenta con una amplia trayectoria cubriendo zonas de conflicto como Afganistán y Siria. Su trabajo ha sido publicado en medios como la agencia italiana ANSA y Al-Monitor. Sus reportajes más recientes se centraban en ataques con drones y misiles en el Kurdistán iraquí.

Fuentes cercanas a Kittleson señalaron que se alojaba en un hotel en el distrito de Saadoun, en Bagdad, y que se había reunido con un colega poco antes de su secuestro el 31 de marzo. Según dicho colega, Kittleson había recibido una advertencia de la embajada de Estados Unidos sobre posibles amenazas de milicias iraquíes poco antes del incidente, aunque no había informado de amenazas directas.

El caso pone de manifiesto un patrón más amplio de desapariciones forzadas en Irak. El país representa una proporción significativa de periodistas desaparecidos a nivel mundial, con varios casos que se cree están relacionados con secuestros. Incluso antes del secuestro de Kittleson, varios periodistas iraquíes y extranjeros ya se encontraban en paradero desconocido.

Desde Free Press Alliance condenamos enérgicamente el secuestro de Shelly Kittleson y el aumento de amenazas contra periodistas en Irak. Los secuestros, la intimidación y la violencia contra la prensa son inaceptables y constituyen un ataque directo contra el derecho del público a la información. Las autoridades iraquíes deben actuar con urgencia para garantizar su liberación segura, llevar a cabo una investigación transparente y asegurar que los responsables rindan cuentas. El resurgimiento de estas prácticas amenaza con revertir los avances logrados y crear un entorno en el que los periodistas no puedan operar con seguridad.

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